miércoles, 27 de abril de 2011

Santa Elena, la vieja querida, tiene miedo

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Por Jhon Fredy Vásquez
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La primera vez que estuve en Santa Elena, corregimiento de Medellín, hace unos doce años, quedé encantado con la belleza de sus parajes. Bosques espesos, prados pintorescos, senderos alucinantes que parecían dibujar historias de fantasía. Me parecía estar a veces en un cuento de los Hermanos Grimm.

Japón y Medellín, unidos por un club

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Por Diana María Villa Franco
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“Este es un club para las personas que tienen interés en el idioma y la cultura japonesa, no es un curso de idioma japonés. Es un espacio para tener nuevas amistades y sobre todo para aprender aspectos importantes de la cultura y costumbres del Japón”, expresa Kaori Hatano, fundadora del Nihongo Club Medellín.

El Nihongo Club Medellín (Nihongo = japonés) o Club japonés de Medellín fue fundado por la japonesa, profesora del idioma japonés de la Universidad EAFIT, Kaori Hatano, en conjunto con dos profesores más del idioma japonés de la Universidad de Antioquia: Katsumi Yumoto y Lina María Parrado.

Este club nació en octubre de 2009 con el propósito de reunir a los estudiantes de japonés de Medellín y a todas aquellas personas que desean conocer y compartir sus intereses sobre la cultura e idioma japonés.

Estas no son sólo las razones de la creación del club, ya que tal vez la más importante es lograr crear entre todos sus integrantes lazos de amistad que permitan una amena convivencia y de este modo permitir que se den espacios generadores de paz.

Los integrantes del grupo son alrededor de veinte personas entre todas las edades. Son desde niños de primaria hasta adultos. Algunos son estudiantes de japonés de las universidades de Antioquia, EAFIT y UPB, otros simplemente son personas que están interesadas en todo lo relacionado con Japón.

El club, al permitir que sus integrantes no tengan ningún tipo de restricción sino que está abierto al público en general, permite que una cultura como la japonesa sea conocida libremente y en diferentes ámbitos, extendiendo así lazos de amistad entre Japón y Colombia.

Aquellos lazos de amistad no sólo se notan cuando hay este tipo de clubes en nuestra ciudad, sino también en el mismo apoyo que ha dado el gobierno japonés a Medellín. Y es que el lugar en donde los participantes del Nihongo Club se reúnen cada quince días, los sábados de 3:00 p.m. a 5:00 p.m. Es en la sala japonesa del Parque Biblioteca de Belén.

Este parque biblioteca inaugurado hace dos años tiene un diseño conceptual donado por la Facultad de Paisajismo de Ingeniería Civil de la Universidad de Tokio y la construcción de esta biblioteca fue dirigida por el arquitecto japonés Hiroshi Naito.

El diseño de la biblioteca, al ser tan similar a las bibliotecas de Japón, cuenta con una sala japonesa siendo esto un homenaje a la cultura de este país. Está sala posee una gran variedad de referencias bibliográficas sobre Japón (libros, fotos, decoración) siendo esta entonces una de las razones por las que el Nihongo Club Medellín realiza sus reuniones allí y es que, como lo expresa la profesora Lina María Parrado, “cada vez que tenemos club de japonés es como si estuviéramos en Japón durante dos horas”.

El objetivo del club no es dar clases de japonés, sino enseñar la cultura y costumbres de este país asiático de una manera amena y práctica. “Si alguien quiere aprender japonés puede practicar gramática, vocabulario, caligrafía o Kanjis (sino-gramas utilizados en la escritura de la lengua japonesa) en su casa. Pero la conversación, el hablar y el escuchar es muy difícil para practicarlo solo en casa, entonces creo que el grupo de japonés es conveniente para hablar y practicar”, explica la profesora Kaori Hatano.

Como las actividades que se realizan en el club no están enfocadas al ámbito académico sino en el práctico, entonces son los integrantes del club los encargados de decidir y opinar qué es lo que van a realizar durante cada sesión mientras que los profesores los guiarán y apoyarán, en especial la profesora Kaori quien hace su papel de líder, mas sin embargo el papel protagónico del club son los integrantes

“Días antes del encuentro, vía correo electrónico, se enumeran las actividades que se van a realizar. Se realizan dos o tres actividades por encuentro”, explica Lina María Parrado.

Las actividades que se realizan en el Nihongo Club Medellín son “todas diferentes, hemos hecho talleres de cómo hacer manga, Origami (arte de origen japonés que consiste en realizar figuras de papel de manera manual) y también he invitado a grupo de artes marciales (kendo, judo), hemos aprendido Bon Odori (danza tradicional de Japón para la fiesta de los muertos) y también hemos realizado actividades sobre el tema de la paz (relacionado con Hiroshima Y Nagasaki), realizamos karaokes y contamos mitos, leyendas y cuentos de terror japoneses”, explica Kaori Hatano.

Además de esto se han realizado conciertos de Jpop (música pop japonesa) y ven videos relacionados con la cultura, es decir, que muestran el cómo se visten, cuáles son sus comidas típicas, cómo son sus celebraciones y cómo las realizan.

“Lo que más me gusta es que nos enseñan mucho de la cultura, como saludar a las personas, como expresarse. Es que los colombianos y los japoneses somos diferentes en muchas cosas y eso me ha llamado la atención, ya que hay que aprender de esas diferencias que hay entre los dos países con respecto a su cultura y a partir de eso saber cómo manejar las diferentes situaciones que se pueden dar cuando se está con un extranjero, en este caso con un japonés. Es decir, he podido aprender un poco sobre cómo expresarme, cómo dar confianza y conformar un diálogo, y me ha gustado mucho aprender eso”, expresa Óscar Leonardo Guiza, estudiante de japonés de la Universidad EAFIT e integrante del club.

El Nihongo Club Medellín también ha realizado otras actividades como una obra de teatro llamada Kaguya Hime (La Princesa Kaguya) que fue presentada el pasado mes de julio en el festival Hana Matsuri (Festival de las Flores), realizado en la Biblioteca Parque Belén y también fue presentado por segunda vez el pasado 31 de octubre en la Casa de la Cultura Infantil.

Esta obra está desarrollada de tal manera que sea Kamishibai (forma de contar historias o cuentos a través de ilustraciones en papel) más dramatización, además de que la historia se narra y se actúa en japonés pero se realiza una traducción en español.

De esta manera “la obra crea esa interacción con la gente. No es sólo decir: ah, miren, nosotros somos el club de japonés y esta es la Biblioteca Parque Belén que está inspirada enteramente a la cultura japonesa. No es eso, sino hacer que esa cultura y ese lenguaje japonés pueda ser entendida por la gente ya que si estamos aquí es para que convivamos y aprendamos entre todos cosas nuevas”, expresa José Daniel Arboleda García, estudiante de japonés de la Universidad EAFIT e integrante del club.

La obra está basada en uno de los cuentos más antiguos y reconocidos de Japón: un cuento que ha perdurado 1.000 años. En este cuento se relata la leyenda de la princesa de la Luna, Kaguya, y también la del nombramiento de Fuji-san (el monte Fuji), uno de los símbolos emblemáticos de Japón.

La obra no tiene como objetivo ser simplemente otra actividad para el grupo, sino que es una oportunidad para que los niños tengan la oportunidad de estar en contacto con la cultura japonesa.

“En Colombia mucha gente no conoce casi nada sobre Asia y menos sobre Japón, no saben diferenciar un país de otro y creen que las costumbres de todos los países asiáticos son iguales, lo que no es así. Una de las razones para que se logre la paz es que haya tolerancia, si la gente conoce y respeta las diferencias de otras culturas eso es la base de la paz del mundo. Por eso considero que si a los niños se les da la oportunidad de conocer otra cultura y sus costumbres y las variedades que existen entre los saludos, la comida o en los estilos de vida, eso les ayudará a tener una vista global y por lo tanto tolerancia, para que cuando estén grandes pueden crear un mundo mejor”, expresa la profesora Kaori Hatano.

Este tipo de clubs son útiles y ayudan al fortalecimiento del manejo de un idioma, en este caso el japonés. Medellín no cuenta con muchos lugares que estén relacionados con el aprendizaje de este lenguaje y mucho menos cuenta con varios Nihongo Club, así que las personas que se interesen por el mundo japonés pueden aprovechar este tipo de espacios que son gratuititos y que les permiten adentrarse a una cultura tan extensa y llena de contrastes.

Si usted es una persona que tiene la disposición, la motivación, la curiosidad de conocer las costumbres japonesas, ser parte de un club como el Nihongo Club Medellín es una excelente oportunidad para estar más cerca de Japón de una manera didáctica y divertida. Es que, como lo dice la profesora Kaori Hatano, divirtiendo se aprende.

Para el grupo Letras no hay nada escrito

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Por Damary Gómez Orozco
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Algunos de los integrantes del grupo en su reunión semanal en el salón Éter de Desarrollo Artístico.
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Son las 12 del día del viernes 5 de noviembre. Para unos tantos, la hora en la que entran en diálogo con sus más humanas necesidades, para otros es el momento de escapar de los afanes del día y aventurarse en el mundo inagotable del arte hecho letras a través del papel.

Este grupo ha hecho del éter su lugar de encuentro. Muebles rodeados de personajes, recuerdos, historias, fotografías y anécdotas empotradas en aquel espacio universitario que ha hecho que cada uno de sus integrantes encuentre su mejor lugar para “ser”.

Este grupo literario Letras lleva 10 años congregando amantes de la lectura y es dirigido por Lucía Donadio Copello, antropóloga de la Universidad de Los Andes.

No importa si se es joven o si se ha trajinado en el arduo camino de la vida; si se ha escogido el arte como medio de expresión o si son los números su lenguaje cotidiano; si su último recuerdo de lectura fue el resultado de un castigo por portarse mal o si definitivamente fue un impulso del espíritu para recrear mundos desconocidos.

Letras no tiene nada escrito cuando de integrantes se trata. Su equipo lo conforman personas de todas las edades con diversos tipos de vinculación con la Universidad tales como profesores, egresados, jubilados, estudiantes y demás amigos de la literatura, quienes se congregan semanalmente en el salón Éter del bloque de Desarrollo Artístico de la Universidad EAFIT.

Según cuenta Marcela Cataño, estudiante de Diseño de Producto, en este grupo literario, a diferencia de lo que muchos piensan, no sólo se lee sino que tienen la gran fortuna de conocerse a través de la lectura como proponentes de escritura. “Ninguno de nosotros nos consideramos escritores, nos queda grande ese título”, afirma ella mientras observa a sus compañeros acomodados en los muebles como listos para una tertulia.

Cada uno de sus integrantes lleva para su grupo un aporte de sus lecturas cotidianas y las comparten sin ningún orden del día. Muchos de ellos buscan en sus compañeros los más feroces críticos de literatura para mejorar sus escritos, puede ser que de ello resulte una gran obra.

De allí han surgido personajes que han incursionado en el mundo de la literatura como Jaime Espinal, pionero del grupo, quien posteriormente publicaría libros como “Open de window para que la mosca fly”, “No es una historia de amor” y “Skudmart química con la muerte”.

De estas tardes de esparcimiento han resultado buenos frutos. Una de sus obras publicadas es Arcavoces, la cual trata de un conjunto de textos cortos y poemas recopilados a lo largo de cinco años de trabajo concienzudo. Más tarde publicarían Ojo de Agua con narrativas de diferentes índoles y matices.

No contentos con su desarrollo literario publicado, en el año 2007 deciden lanzar como obra colectiva el libro “Tomo amor termina en el centro, experiencias en un apagón”.

Para estos entusiastas de la lectura el encuentro no es un yugo, están ahí por el placer de hablar sobre el tema que los apasiona. Uno a uno va llegando desprevenidamente como quien llega a su casa con la confianza de que encontrará un recibimiento caluroso, lejos de los rigurosos horarios de la vida académica y laboral.


“Y son estas las letras que de mí salen,
destilando vino y tristezas, chocolates y alegrías.Susurros que, desde siempre, van,directamente vinculados a tus sueños,atados con el imaginario e inagotable lazo de ilusiones amarillasque cuando te pienso me poseen.Así me lanzo a la vida,esperando el cruce sincrónicode una serie de casualidadesperfectas,de amor.(…)”Tomado del libro “Todo amor termina en el centro, experiencias en un apagón” del grupo literario Letras


Justo en una esquina de la habitación, una puerta de madera finamente esmaltada siempre abierta. Allí, las 12 en punto no marca la pauta para el comienzo de una buena conversación y el final de la espera por sus integrantes cotidianos o, tal vez, unos cuantos nuevos integrantes.

Con palabras entrelazadas y tal vez un tono filosófico del mundo y sus tornasoles se es difícil reconocer cuándo empieza la jornada de aquellos literatos. Indistintamente va uniéndose a la charla sin mucho preámbulo, cada uno como individuo hace su aporte, pero no es muy difícil darse cuenta de que es un pensamiento colectivo al observar caras asintiendo con franqueza.

“Al inicio eran como cinco en el grupo” cuenta Sara Farberoff, una arquitecta que encontró en el grupo una válvula de escape a los afanes de la vida laboral. Ella, a diferencia de los demás integrantes, no tuvo ningún vínculo con EAFIT hasta el día que acompañó a un amigo, quien buscaba un curso de español. En su búsqueda, alguien les explicó que había un grupo de cinco locos que se reunían a hablar de libros y demás, a lo que ella con un tono cómico respondió que ese era el que ella buscaba. Le informaron que para unirse al grupo debería tener algún vínculo con la universidad pero para ella esto no fue un obstáculo.

Posteriormente le escribiría un correo a la directora, Lucía Donadio, expresándole su deseo de pertenecer al grupo. Por ahí dicen que el que busca encuentra, pero en el caso de Sara se podría decir que encontró lo que quería y buscó estar allí. Fue aprobada su solicitud y hasta el día de hoy disfruta su estadía dentro del grupo.

Así mismo, son muchos los integrantes del grupo que buscan descifrar incansablemente el arte de escribir, en
Grupo Letras en el lanzamiento de su primer libro Arcavoces.
/ Foto cortesía del grupo Letras
su mayoría estudiantes de ingeniería, sin pasar por alto otras tantas áreas de estudio y afición. Por ejemplo, Camilo Arango es estudiante de música, Andrés Mauricio Aguirre es recién egresado de ingeniería mecánica, Wálter Artieda egresado de administración de negocios, Marcela Cataño estudiante de Ingeniería de diseño, al igual que Leydi Gómez, y muchos otros tantos.

Estos coinciden al unísono en que son un grupo algo amorfo en el buen sentido de la palabra, en el que sus engranajes marchan cabalmente para reproducir la más inspirada producción del espíritu.

Este aliento hace único a este grupo. Es una demostración de que la cultura y el arte sí pueden traspasar barreras generacionales y que hoy en día, a pesar de los atractivos avances tecnológicos, todavía hay quienes piensan que tener en sus manos un libro y hacer apuntes y subrayar es una especie de rito para la dignificación del libro que leen porque significa que allí se ha dejado una huella de sí mismo, no como una ofensa de quienes estropean con facilidad y sin sensatez un texto no abstraído con juicio o cuya intención nunca fue esa.

La heterogeneidad de los personajes que tejen día a día con sus pensamientos hilados traspasan el ánimo de aquel que sabe escuchar una buena historia a la luz del sol de mediodía. Ya son las 2:00 de la tarde. Para estos interlocutores de la vida es hora de abstraerse nuevamente al mundo innegable, pero no cabe duda de que allí no termina el vuelo de sus ensueños. Para ellos, las “Letras” no son sólo desfogue de ilusiones, es su realidad.

Sinfonías del sur: jóvenes de La Estrella dedicados a la música

Por Ana María Morales Restrepo



Muchachos con mucho talento, dedicados y amantes de la música, es la descripción perfecta que se puede hacer para los integrantes de la banda sinfónica de La Estrella. Con mucha entrega y amor por lo que hacen, llevan en alto el nombre a este pequeño municipio ubicado al sur de Medellín.

Esta banda sinfónica ha ganado varios premios participando en diferentes encuentros musicales a nivel departamental. Paula Andrea Muñoz, una de sus integrantes, cuenta cómo han sido los avances que ella ha tenido dentro de este grupo musical.

¿Cuándo iniciaste en la banda?
“Yo no ingresé a la banda propiamente. Primero estuve en el proceso de semillero en el año 2004. Allí nos enseñaban a leer las notas y si uno mostraba un buen desempeño, lo pasaban a la pre-banda, donde ya le enseñan a tocar el instrumento que uno quiere. Si alcanza el nivel necesario, lo promueven a la banda como tal”.

¿Cómo conociste la banda?
“Una vez los vi tocar y me antojé. Luego le dije a mi papá, al cual le gustó la idea; entonces me llevó y ahí mismo me inscribí”.

¿Entonces cuántos años llevas en la banda?
“Llevo 4 años, desde el año 2006”.

¿Qué instrumento toca?
“El clarinete”.

Datos generales de la banda
Paula, luego de contarnos sobre su inicio en la banda, ahora relata cómo es la banda, quién la dirige, dónde y cómo ensayan.

¿Cómo se llama el director?
“Carlos Mario Arteaga Patiño”.

¿Con cuántos integrantes cuenta?
“32 integrantes, todos jóvenes”.

¿Es un requisito indispensable ser joven para pertenecer a ella?
“No necesariamente. La banda está abierta para cualquier persona, pero está dirigida más que todo a los jóvenes. Si hay personas mayores que están interesadas en aprender a tocar algún instrumento, hay clases para todos, pero ya son aparte de la banda”.

¿Entre qué rango de edad están sus integrantes?
“Hay niños desde los 11 años hasta jóvenes de 22”.

¿Dónde ensayan y en qué horarios?
“Nosotros ensayamos en la Casa de la Cultura, de lunes a viernes de 7:30 a 9 p.m. En las tardes hay un taller: allí cada uno va a tocar para corregir lo que no le suena y organizar lo que le hace falta en la melodía”.

Entre partituras y melodías
Paula se dedica a sus estudios universitarios y al mismo tiempo se mantiene muy ocupada con los viajes de la banda, los ensayos, los conciertos. Pero no descuida sus estudios pues es de vital importancia su rendimiento académico para poder corresponder en la banda que, según ella, es algo maravilloso.


Teniendo en cuenta que son muchas las ocupaciones que genera la banda, ¿se debe tener una disponibilidad horaria amplia?
“A nosotros nos respetan el horario de estudio. Es muy importante el apoyo que nos brinda tanto Carlos Mario (el director de la banda) y nuestros padres, que son muy comprometidos. Es indispensable que nos vaya bien en el estudio; como ya llevamos tanto tiempo en la banda, los ensayos y las ocupaciones son algo que están en la rutina diaria”.

¿Y cómo son los ensayos, cuándo tienen conciertos?
“Cuando tenemos presentaciones, conciertos, encuentros de bandas o cualquier concurso, los ensayos se duplican para que así nos vaya muy bien en las presentaciones. Gracias a esos ensayos hemos mostrado un buen nivel en los encuentros de bandas, ganando varios premios”.

¿Cómo es la relación con el director?
“Muy buena porque Carlos Mario nos apoya mucho incentivándonos cuando nos va bien con convivencias y paseos. Además, promueve mucho la unión de la banda”.

¿Qué premios han ganado?
“Hemos asistido a muchos encuentros, mostrando un buen nivel, otorgándonos placas de reconocimiento. Los premios como tal los hemos ganado. Por ejemplo, en 2009, en el Sexto Concurso del Bambuco Inédito en Tocancipá (Cundinamarca) quedamos de terceros.

En 2010 participamos en el Subregional Antioquia Vive la Música, donde participan todos los municipios por subregiones. Obtuvimos un buen puntaje y pasamos a los departamentales que se celebraron en el municipio de Jardín”.

¿Cómo les fue en los departamentales?
“Súper bien, el concurso es por categorías. En la categoría del desfile de comparsa quedamos en segundo lugar, ganamos un millón de pesos y en la categoría juvenil también ocupamos el mismo lugar: ahí ganamos cuatro millones y algunos instrumentos como un bombo y dos cornos. Además, el derecho a participar en el nacional en Anapoima (Cundinamarca)”.

¿Cómo se transportan a estos concursos?
“Gracias a la Alcaldía de la Estrella y a la Casa de la Cultura que siempre nos apoyan, financiando el transporte, los uniformes y la instrumentación”.

¿Y cómo se van a preparar para el nacional?
“Es un concurso donde debemos mostrar un nivel más alto. Ahora debemos ensayar muy duro todos los días para dejar el nombre de La Estrella y de Antioquia muy en alto”.

Y por último, ¿cómo es la relación con todos sus compañeros de la banda?
“Es muy buena. Tanto con el director y entre todos los compañeros, todos somos muy unidos y nos apoyamos mucho”.

martes, 26 de abril de 2011

Fernán Arango: un ingeniero con corazón de escultor

Por Mayteck Arenas Londoño



Con un poco más de medio siglo de vida, unos ojos que parecen no ser reales y una delgada figura, Fernán Arango se abrió ante el micrófono de una grabadora periodística y decidió contar su historia.

Su oficina llena de tareas y correos pendientes nos recibe para comenzar la narración de su vida. Su agradable sonrisa de bienvenida y sus nervios por decirlo todo precedieron la primera pregunta que nunca se hizo gracias a su iniciativa de contar quién era.

Una cabellera llena de tiras gris cenizas denotan años de experiencias vividas y anécdotas no contadas. Alto como un balcón y delgado como sus obras, menciona el bronce, la cera líquida y la adopción de su hija.

Ha participado en más de cinco exposiciones tanto a nivel nacional como internacional, así que España, Bogotá, Medellín, Envigado y hasta su propia oficina en Almacenes Éxito han sido escenarios para sus esculturas.

“Soy ingeniero industrial de profesión pero artista por hobbie”
El esposo, padre y escultor comienza a explorar el mundo del arte con su tío Salvador Arango, que es un escultor figurativo, un investigador incansable, un viajero en la búsqueda de nuevas formas de expresión.

Junto con su familia, inspirada por las bellas artes, Fernán Arango emprendió a trabajar en el taller de su tío mientras estudiaba y transcurría su época universitaria.

“Yo para poder estudiar y trabajar, trabajaba con él en las mañanas y en las tardes en el taller que quedaba en Enciso El Pinar, eso queda por allá arriba en una ladera enorme. Es un sitio muy complejo, donde Salvador hizo un trabajo social y cultural maravilloso. Él compró una tierra en esa zona de estrato casi cero”.

A modo de ser “artista autodidacta”, como se llama a sí mismo, en proceso de desarrollar más su espíritu artístico, aprende la técnica de modelado y fundición de bronce, la cual practica actualmente.

Lo raro, cuenta él, es que aunque aprendió de su tío, los libros sobre diferentes técnicas fueron sus profesores y asesores:

“Tengo una serie que se llama Mujer, pues me parece fascinante el cuerpo de la mujer y tengo un busto de mujer que ha gustado mucho, no por su morbosidad”.
Todos mis trabajos son figuras desnudas, solo tengo una que no. Logro mostrar la figura desnuda natural de la mujer.

El artista cuenta cómo es el manejo de la desnudez de la mujer en la escultura, debido a que hay una línea delgada entre el arte y lo obsceno ante este tipo de obras.

“Me considero autodidacta, es decir, que me formé en el taller del maestro Salvador y que ha sido una trayectoria de estudiar, de leer, de compartir con otros escultores. Yo creo que ha sido muy gratificante para mí porque me ha retado a estudiar y a leer mucho”.

Exitoso como ingeniero y como artista
Como ingeniero industrial graduado de la Universidad de Antioquia ha trabajado en empresas como Uniban y Cadenalco S. A. Actualmente se ocupa en el Centro de Distribución de Envigado de Almacenes Éxito.

Dentro las historias que nuestro protagonista contó, en respuesta a preguntas que no hubo necesidad de hacer, se recrea su perfil y los tipos de esculturas que acostumbra hacer.

“Para mí, a diferencia del maestro Botero, la figura humana es bonita pero flaca: la figura humana gorda ya se transforma, en cambio el flaco muestra lo que es. Muestra su esbeltez, muestra su flexibilidad, muestra su dinamismo. Le permite a uno mayor facilidad de expresión”.

En Almacenes Éxito, Fernán Arango fue elegido para realizar los galardones para la ceremonia Proveedores Éxito 2009, Con los cuales se premia la insistencia y perseverancia en los objetivos comunes.

El Taller: castillo de las creaciones
Luego de más de 60 minutos en una charla con un sinfín de historias, Fernán decide llevar el micrófono al taller familiar. Tan lejos como se quiera se llega a un callejón donde el polvo que produce el cemento, la arena y la fundición del bronce hace que se irriten la nariz y los ojos.

De camino al taller pasamos por un cruce de calles y carreras entre casas que pocas veces había visto. Medellín en su occidente era testigo de un lugar que daba fruto a las creaciones de esta familia de artistas.

Las calderas y los hornos traían a la memoria una época feudal. Pulidoras y materiales para fundir obstruían el paso de un lugar hechizado por el polvo de creaciones que ya están vivas o están en construcción.

Altas temperaturas y moldes ubicaban las sesiones de una casa desbaratada que se convirtió en un espacio para hacer realidad las ideas y los diseños de escultores como Fernán o como Salvador Arango.

Un hasta luego
Luego de viajar entre oficinas y talleres llenos de polvo mágico, Fernán se despide con una invitación a los lugares donde tiene sus esculturas.

“Entonces ese soy yo, un ingeniero industrial que trabaja con el Éxito. Veintidós Años de profesión y un artista por hobbie. ¿Qué quiero ser en muy poquito tiempo?: un artista por profesión y un vago por hobbie”.

Su sonrisa y las cuatro paredes de su oficina fueron testigos del artista que Fernán Arango lleva en su corazón, pero que en el comienzo, en una primera plana, sólo le faltaba el casco para pasar desapercibido por un ingeniero.





Las joyas de Poly

Por Mateo Buriticá Giraldo



La joyería, un arte con cientos de años de existencia y de historia, ha servido para adornar a mujeres y hombres. Los artesanos joyeros fueron, y siguen siendo, personas con gran inspiración y creatividad que se basan en las artes y la naturaleza que los rodea.

Hoy en las calles se puede ver mujeres y algunos hombres portando algún tipo de joya que les sirve como adorno o simplemente porque están a la moda. Joyeros como Paula Andrea Marcela Vélez Puerta son los responsables que actualmente podamos deleitarnos con obras de arte en cualquier sitio de nuestra ciudad.

Entrevista a una artista plástica y joyera
Me dirigí a encontrarme con Paula Andrea o, como sus amigos le dicen por cariño, ‘Poly’. Me encontré con ella en el bloque de Desarrollo Artístico de la Universidad EAFIT, se encontraba charlando con unas amigas. Ella como siempre me recibió con una enorme sonrisa. La conozco porque me enseñó a elaborar una pulsera en tejido peruano en días anteriores. Es una mujer extrovertida que te puede alegrar el día con una sola palabra.

Esta joyera de corazón y también de nacimiento, porque desde muy pequeña le ha apasionado este hermoso arte, siempre tiene alguna joya de su creación puesta en su cuerpo, exhibiendo orgullosa su trabajo tan elaborado, hermoso y con mucha dedicación. No paro de mirar una de sus creaciones que lleva en su oreja derecha, sobre el cartílago. Es la punta de una hoja de un árbol, elaborada en plata.

Ella me cuenta que desde que era niña le gustaba crear cosas. “Desde chiquita recogía vidrios y me hacía coronas con cartón paja y vidrios de choques”. Pero la joyería como tal, la empezó a practicar desde el año 2000 en la Universidad EAFIT.

Poly es una artista plástica graduada de la Universidad Nacional. Aprendió también fotografía, video, dibujo, escritura, escultura, y estampación. “Muchas veces me dedico al arte, decorar fiestas, diseñarle a personas diferentes cosas. También canto opera, lastimosamente la he tenido que dejar un poquito. Practicaba skateboard…hacía de todo”. En ese instante los dos soltamos una risa, lo cual le daba un ambiente más ameno a la conversación.


Ella me dijo que existen dos tipos de joyería: la comercial, que consiste en mirar tendencias, qué es lo que se está usando, colores y todo lo que hay a nivel sociocultural.

Y la joyería artística, que es la que ella practica y la define como “un proceso creativo donde vos plasmás lo que tenés en tu cabeza de una forma útil. Es como una escultura en pequeño formato. Es la herramienta con la que yo muestro las ideas y toda esa parte creativa mía que está adentro y que tiene que salir de alguna manera y me parece el instrumento adecuado”.

El cuerpo humano como inspiración
Los artistas dedicados a la joyería se inspiran en la naturaleza y Paula Andrea no es la excepción. Su fuente de inspiración es el cuerpo humano y el hombre como ser.

“Me gustan las partes anatómicas, crear joyería biomédica que además de que te adorne, te sirva para algo, es decir, extensiones y cosas así que no se encuentren en el mercado y sean extrañas y bacanas”.

Ella es una artista polifacética e inspirada. “No tengo parámetros, esto es jugar, experimentar y gozársela”. Me cuenta que en muchas ocasiones comete errores que le quedan muy lindos e intenta volverlos a cometer pero no le salen. “Los errores le dan soltura al trabajo y pienso que de los errores salen grandes cosas”.

Como Poly dijo, ella hace de todo. Entonces me surgió la curiosidad de por qué prefirió practicar la joyería y no otra de las artes plásticas. De inmediato respondió: “Es una forma de hacer escultura útil, no quiero decir que la escultura sea inútil, pero la escultura es lo primero con lo que uno se tropieza en una galería antes de ver un cuadro. Entonces es más bien hacer una escultura que uno pueda ponerse y que en determinado tiempo si no le gustó, pueda quitárselo y ponerse otra cosa”.

La joyería es un arte apasionante. Lo digo porque cuando Poly me enseñó elaborar la pulsera en tejido peruano, yo me entusiasmé y, por supuesto, ella también lo hizo porque de alguna u otra manera ese es su arte y quizás se sienta orgullosa de enseñarle a alguien más su conocimiento.

¿Cómo va Colombia en joyería?
Colombia es un país rico en artistas y personas con mucha creatividad. En las calles día tras día podemos ver a individuos vendiendo todo tipo de joyas, desde las más artesanales hasta las más elaboradas en diferentes metales.

Paula Andrea me contó que en Colombia la joyería se ha estado desarrollando bastante con la ayuda del Gobierno y del Ministerio de Minas y Energía, le han puesto atención y están haciendo capacitaciones para joyeros en diferentes pueblos. ”Estas entidades también están diseñando nuevas tecnologías, dándole títulos a joyeros que venían solo con experiencia y tradición de sus abuelos”.


Medellín es una de las ciudades con más desarrollo en el ámbito joyero. Este arte ha tenido mucho auge, sobre todo con el diseño de modas y de accesorios. Hoy en día la gente se interesa más por el arte y por supuesto por la joyería, una habilidad que muchas personas, incluyéndome, la admiran.

Hablar con ‘Poly’ es todo un placer, te diviertes con sus anécdotas y sus chistes. Cuando acabó la entrevista los dos quedamos en que el próximo semestre me voy a inscribir en el curso de joyería para aprender este arte. 

“Me gusta esculpir lo que está escrito en el cuerpo”

Por Alejandra Botero C.



María Victoria Merino es una mujer mayor: “No cuento cuántos porque dejaría de ser mujer”. En este momento de su vida, “Ela”, como la llaman sus amigos y familiares, se dedica a la escultura después de haber dado un largo recorrido por los campos del arte.

Se casó a los quince años, lo que no le permitió vivir una de las etapas más hermosas de la vida que es la juventud: “En esa época era normal casarse a esa edad, afortunadamente los tiempos han cambiado”. Desde muy joven se dedicó a ser ama de casa, terminó el bachillerato y no estudió más.

Después de tener cuatro hijos decidió empezar su propio negocio, debido a problemas financieros en el hogar. Creó una empresa de confecciones con dos socias llamada Tinta y Plica.

Como el presupuesto con el que contaban no era muy elevado, María Victoria decidió ser la diseñadora de la empresa, de ahí partió su interés por el arte.

Para ella “la ropa es un gran aporte a la belleza, más que todo de la mujer”. Como todos son diferentes, se debe investigar y conocer sobre el grupo de personas al que está dirigido la empresa: “Yo creo que este trabajo me dio mucha sensibilidad acerca de los seres humanos y más del cuerpo humano”.

“Les doy besos y les hablo, mis trabajos son como un juego para mí”, dice. Cuando María Victoria se jubiló le dejó la empresa a uno de sus hijos y se dedicó a pintar bajo la dirección de la reconocida artista Ethel Gilmour: “Ella fue la mayor inspiración en mi vida, su tranquilidad, su obra, todo. Ella era lo que yo quería para mí. De hecho, cuando murió me dio muy duro”.

Bajó la dirección de Ethel empezó a pintar flores y cosas pequeñas. Con el paso del tiempo se fue dando cuenta de que su pasión era pintar el cuerpo humano, pintar el ser humano con todos sus defectos y su historia.


¿Por qué pintar humanos? “Me impacta la actitud y la expresión corporal de los hombres, en el cuerpo tenemos escrita toda la vida”. La muerte de Ethel hizo que Victoria perdiera el interés por la pintura, no de verla, sino de hacerla.

Poco tiempo después le ofrecieron un salón en la Biblioteca Pública Piloto para que expusiera sus cuadros. Con un dolor muy grande por saber que su maestra no podría estar presente, aceptó. Fue un éxito, una de las más visitadas.

Olga Arango es ahora su maestra, una mujer que ya no se dedica a la pintura sino a la escultura. Ella describe a María Victoria como “muy simple y elemental”.

María Victoria, ¿qué tipo de esculturas hace usted?
“Sigo con mi idea sobre el cuerpo humano, trato de expresar la condición frente a la vida de diferentes tipos de personas. A cada una de las esculturas les tengo nombre, trato de que en su físico se refleje su personalidad”.

Les tiene nombre y una historia: “Está Doña Berta, que es una mujer que ha luchado mucho, es la típica matrona paisa que se echa al hombro todo y hace lo que le toque. También está Don Roque, el esposo de Doña Berta, ella nunca lo deja hacer nada pero a él no le importa porque la ama demasiado. Llevan más de 40 años casados. Esos son los que más me gustan aunque tengo como 5 más”.

“En estos días me llamaron, todo parece indicar que los podré exponer muy pronto. Lo que yo hago es un juego, así lo veo y como no me queda tanto tiempo ya, lo que quiero es eso, jugar”.

La cultura en Medellín
“Desde mi punto de vista, Medellín es una ciudad a la que le falta cultura, estamos orgullosos de nuestra cultura Metro, pero ¿qué pasa después de salir del Metro? El peatón nunca tiene la vía, en un concierto de música clásica se aplaude entre movimientos, no se recicla, se tira basura... Medellín tiene muchas cualidades pero, para mí, la cultura no es una de estas”.

María Victoria ve las cosas desde un punto de vista totalmente diferente, para ella Medellín está llena de cultura. Sólo tiene una queja y es que a la hora de llegar una buena exposición a la ciudad no se le hace mucha propaganda.

“Cuando uno va a un barrio popular puede ver una casita, vuelve un tiempo más tarde y ya tiene un piso más arriba. Vuele un tiempo después y ya tiene una decoración diferente. La autoconstrucción es arte, es hermoso ver como alguien trabaja para poder sentirse orgulloso de lo que tiene, así sea poco”.

Después de la tormenta viene la calma
La vida para María Victoria no fue fácil, un marido a los 14 años y 4 hijos a los 25. A pesar del amor que ella le tiene a su esposo se queja de un matrimonio en el cual ha tenido dificultades: “Los problemas económicos no faltaron, por eso decidí abrir Tinta y Plica que nos dio un poco de estabilidad”.


En este momento la vida de “Ela” es un cuento totalmente diferente, vive en un edificio en Los Balsos, sus hijos ya son grandes y tienen sus propias familias y goza de una buena economía lo que le permite salir del país y conocer cada día un poco más.

“La casa de una persona refleja su personalidad, por eso me encanta que la mía muestre como soy a la perfección”. Vive en un cuarto piso en un apartamento sin mucho color pero bien decorado, tiene cuadros suyos y de su hija (María Cecilia Botero, artista también), huele a comida deliciosa todo el tiempo, tiene un estilo un poco hippie a pesar de ser una mujer muy elegante.
“Agradezco mucho a Dios, el que quiera que sea, por haberme ayudado a salir de todos los problemas que se me presentaron, amo mi vida, amo mi arte y mi familia”.

Pasaron años para que María Victoria encontrara la tranquilidad que tanto anheló. Ahora dedica sus días a esculpir sus nuevas obras, comer, salir y viajar a su finca en el municipio de El Retiro. Esa es la vida que muños añoran tener cuando lleguen a esa edad.