domingo, 24 de abril de 2011

Jefferson Ospina, un barbero que aspira a ser cantante

Por Dominica Duque




En medio de una infinidad de salones de belleza, en el mall Ventura, pasa desapercibida la barbería Essal, ubicada en El Poblado sobre la transversal inferior. Es una peluquería como cualquier otra, no tiene nada especial, no hacen cortes extraños ni ponen música rara, lo único diferente es que está Jefferson, uno de sus peluqueros que en sus ratos libres, desde hace 15 años, se dedica a interpretar música urbana.

Llega el cliente de las cuatro de la tarde con su novia. “¿Qué más parce?”, le dice Jefferson a Santiago, uno de sus clientes desde hace tres meses, mientras lo abraza y le da un apretón de manos. Santiago, con la misma emoción y familiaridad saluda a Jefferson, lo cual hace sentir a su novia como una extraña. Jefferson, Santiago y su novia se dirigen hacia el segundo piso.

El barbero sienta a su cliente en la silla, le pone una capa, coge las tijeras, la peinilla, la máquina barbera y comienza a hacer una de las dos cosas que sabe hacer mejor: motilar.

Jefferson Uribe es un joven de 34 años que actualmente se dedica a la barbería pero en su corazón lleva la esperanza de algún día poder cumplir su sueño y dedicarse por completo al canto.

En este momento “Jefry”, como lo llaman sus amigos, pertenece a un grupo de música urbana llamado Complot con el cual se presenta esporádicamente en lugares públicos o en fiestas privadas. Aunque lo disfrutan mucho, él y su compañero “El Dogny” sólo lo pueden ver como un hobby porque no tienen el apoyo para volver esto una carrera y menos un entrada de supervivencia.

Conoció a “El Dogny” en su adolescencia y le enseño a bailar, más adelante se fueron metiendo en el canto, consiguieron bailarinas y crearon su grupo musical Complot.

Su historia
¿Por qué te empezó a gustar cantar y bailar?, ¿Cómo te metiste en este mundo?
“Primero va en el gusto propio, me empezó a gustar la música de la calle, rap, hip hop, underground, Rnb y el reggae más que todo. Tenía mucha influencia desde pequeño, Bob Marley y todo eso.


Ya de ahí me metí al baile, pero es que eso tiene poca popularidad, uno baila en un “parche” como le decimos nosotros o en una discoteca, sos el centro de atracción, el que mata a las niñas, el galán, pero ya no pasa más de ahí, mientras que uno ve que los artistas pa´ arriba, los que cantan pa´ arriba. La verdad me gusta mucho porque es una manera de tener otros parches más sanos, de escapar de la violencia y todo eso”.     

Su respuesta demuestra que es una persona que quiere salir adelante, y aunque es consciente de las problemáticas sociales y vive inmerso en ellas, su deseo es hacer la diferencia.

Jefferson se crió más que todo en la calle, desde muy temprana edad sus padres lo echaron de la casa. “Me echaron por los chismes de la violencia, decían que yo fumaba marihuana y a mí nunca me gustó eso. Es un estereotipo de la música callejera, alguna vez lo probé pero fue por despecho”, dice Jefry.

¿De qué escribes, en qué te inspiras?
“Yo escribo de las experiencias de mi vida y de cosas de la sociedad. Me inspira el amor y las traiciones que uno ha recibido por ahí, las mujeres aportan el granito de arena. Yo tengo un temita por ahí que es muy rapeado, Trampa, ese es para las mujeres de la calle que son muy trampas.”

Con la palabra “trampa” Jefry se refiere a las mujeres que hacen sufrir a los hombres, que les son infieles. Me recita un pedazo de su canción: “Trampa mami tú a mí me quieres matar, trampa mami no me vas a cautivar, trampa trampa, óyelo ya, noche oscura fiera segura dónde están las vampiras, ¡uhm qué locura!”

Este barbero no solamente canta y baila, sino que además compone sus canciones. Se inspira en sus experiencias de vida, en las problemáticas sociales, los desamores, las traiciones, entre otros. Aunque las mujeres lo han hecho sufrir, también han desatado emociones que le han servido para componer muy buenas canciones. “Como siempre, uno les da todo y después se la hacen a uno”, dice Jefferson.



¿Desde qué edad empezaste a cantar?
“A los 18 años. En el barrio había pelados que eran de la cuadra y por viciosos o por meterse en cosas que no deben, terminaron bajo tierra. Yo me dije a mí mismo que mi vida no la iba a desperdiciar así y entonces vi en la música otro estilo de vida.

En un parche de música o de baile, usted va es a hablar caspa, cuando le dicen vamos a ensayar hoy, uno dice bueno vamos a ensayar, si le dicen vamos a bailar, uno dice vamos a bailar y uno como que se distraía en eso”.

Muchos de sus “parceros” de la cuadra, de sus amigos de la infancia se vieron envueltos en la violencia. Algunos fueron víctimas, otros promotores. De una u otra forma el resultado fue el mismo: pasaron “a mejor vida”.

Todas estas experiencias le enseñaron a Jefferson que la vida se puede ir en cualquier momento, y que por eso mismo debe hacer cosas que le aporten algo a ella, que lo hagan mejor persona y lo alejen del mal camino.

Otro factor que influyó para que este barbero se quisiera alejar de la violencia fue el hecho de ser papá. Jefferson tiene dos hijos y quiere que ellos tengan un buen ejemplo, un modelo a seguir.

Persiguiendo un sueño
Este barbero tiene una cosa muy clara en la vida y es que va a cumplir su sueño cuéstele lo que le cueste. Mira a los ojos y dice con firmeza que sus intenciones de convertirse en un gran artista son en serio. Con mucho entusiasmo cuenta que no se piensa rendir hasta agotar todos los recursos.

Dado que Complot no se ha comercializado aún, Jefry debe conseguir ingresos para sostener a su familia trabajando como barbero y por este motivo no tiene mucho tiempo disponible para ensayar, pero cada tiempo libre, lo utiliza para ello.
Cuando no tiene nada que hacer en la barbería y no hay turnos, se sienta en su silla mirándose al espejo y ensaya los temas. “En los horarios de trabajo practico cuando tengo tiempo libre y cuando salgo temprano, y si el compañero no está trabajando, que él trabaja los fines de semana, ensayamos.”

Todo el segundo piso de la barbería es para él, es un espacio sencillo, pero justo lo necesario. Su lugar de trabajo consta de tres sillas: una en la que su cliente se sienta y otras dos para un acompañante o para quien desee sentarse; dos espejos grandes, uno tiene un borde de madera en el que el cliente se mira y otro para mirarse el cuerpo entero; las paredes son blancas y en la esquina hay una columna blanca con rayas azules y rojas que son características de las peluquerías desde hace muchos años.  

Además tiene una grabadora pequeña, un mueble de madera en el que guarda sus implementos de trabajo y a su lado izquierdo una ventana en la que se desacalora cuando termina con su cliente.

Actualmente no tienen un lugar fijo en donde puedan ensayar, pues aunque se han tratado de mantener al margen, la violencia los ha perjudicado. El Dogny vive enEl Limonar, donde hay un salón comunal muy apropiado para ensayar pero con la violencia que hay no pueden subir. “Donde vean a alguien medio nuevo por ahí, mejor dicho, uno después de las siete u ocho de la noche tiene que estar encerrado. Nadie se puede asomar porque eso está muy caliente, entonces no se pueden aprovechar los espacios, ni las acciones comunales”, menciona Jefferson.

¿Qué tipo de apoyo recibe?
“El apoyo de nosotros es la labor del día a día, estar trabajando y sacar de nuestros propios bolsillos para poder hacer algo. Nosotros no tenemos apoyo, las pocas personas que han querido hacerlo se han tenido que ir del país y no ha podido concretar nada.

En este momento afortunadamente hay tres o cuatro personas que hace días nos están apoyando. Hay una persona que está pasando los temas por una emisora de otra ciudad, otro nos está popularizando para las fiestas privadas y hay otro que afortunadamente la familia tiene una hacienda de descanso y nos dijo que él nos colaboraba con 400, 500 mil pesos y fuéramos a cantar una noche.

Básicamente el apoyo viene de gente que le gusta, la Alcaldía y el gobierno no nos da nada”.

Jefferson cuenta que el género urbano acá en Colombia tiene muy buenos grupos, bastante talento pero que es muy difícil de sacar adelante porque no les dan el apoyo necesario. Mientras lo dice, se refleja en sus ojos y se siente en su voz una gran impotencia de su parte. “El único género urbano que pegó acá fue el reggaetón. Yo no lo canto pero estamos grabando muchos temas porque eso es lo que la gente está pidiendo”, dice.

Para esta clase de artistas salir adelante no es fácil, tener talento no es lo único que los catapulta al éxito, se requiere además un poco de suerte y tener alguien que crea en su talento y patrocine su música. Esto es muy difícil por la competencia tan grande que hay en este género. “En tan solo ocho o diez cuadras del barrio hay seis grupos que cantan muy sabroso y muy parecido”, expresa Jefry.

¿Qué cree que le hace falta a Colombia para que personas como usted puedan tener más posibilidades de cumplir sus sueños?
“Yo quisiera que hicieran como en Estados Unidos: a la persona que le ven talento lo cogen de una, pero es que aquí es muy difícil sin ningún patrocinio. La gente sólo le ve futuro a lo de afuera. Vamos a ver qué pasa, de pronto podemos hacer una colaboración con Julián Rico”.

Julián Rico también es pionero de la música urbana y aunque Jefferson menciona que no le gusta pedir favores que tengan que ver con ayuda para su carrera, esta vez se atrevió a pedirle colaboración.

Complot
Hasta el momento ha grabado cuatro canciones: Trampa, Eres tú, Lluvia, y ¿Qué tendrá? Su música ha sido promocionada por la emisora Energía y se puede encontrar con el nombre Jefry en la siguiente página web: www.flowcolombiano.com

Los últimos cortes son interrumpidos por el próximo cliente que entra y saluda. “Hey men, ¿cómo va”? Este será quizá el último cliente del día. Estará acá hasta las 6 p.m. Luego de esto guardará sus cosas y si su compañero no está trabajando se irá a practicar.

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